PD: Escrito tras una severa sobredosis de libros de Haruki Murakami. No es culpa mía. / Written after a severe exposure to Murakami's books. Not my fault.
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Fue triste, rápido, indoloro, y causante de un millón de lágrimas silenciosas, pero el futuro que nunca fue, pasó de largo y se convirtió en pasado.
When he looked at the empty space that surrounded him, he felt under the pressure of a million silences. He waved his arms, trying to push away the bad taste that the last days had left in his mouth. It was a taste of emptiness, of loneliness, of solutions at the reach of a hand that refused the orders of a mind that was willing to grab them.
A veces pasa. Llega un momento en el que no estás muy seguro de quién eres. De qué eres. De qué diablos haces aquí. Los motivos son diversos y muy personales. ¿Cuál es el mío, me pregunto? La soledad, quizás. Tal vez no. Me alivia pensar que, incluso si supiera la respuesta, el sentimiento sería el mismo. Bien visto, vaya un consuelo más pobre, ¿no?
Dame un momento de paz. Es todo lo que te pido. El cañón del revolver acaricia la piel de mi sien derecha. Me estremezco, el metal está frío. Sólo hay una bala en la recámara. No necesito más. El pulgar retira el seguro. Click. El índice, tembloroso, se acerca al gatillo. Lentamente se posa sobre él y un mínimo roce descarga un torrente de adrenalina en mi cuerpo.
Vicentín aprendió lo que es el amor a la manera de la vieja escuela. Es decir, a hostias. Y es que el método de ensayo, error y patadón en los huevos siempre ha sido el más educativo.
De padre conquense y madre vallisoletana, nadie entiende por qué pasó su infancia en la estepa siberiana. Durante esos duros años en los que intentaba sin éxito cazar bellotas con cepos y trampas variopintas, llegó a dos conclusiones: 1) que las bellotas son probablemente el animal más astuto de la creación y 2) que la gente las pasaba putísimas para deletrear su nombre.